Conformate con los sapos

30 de abril de 2011
Por: Sabrina Mooney
Había una vez, en un país no tan lejano, una joven de clase media con un intrigante -pero no menor- ataque de pánico. Este episodio solía suceder entre los días primero y décimo del mes, yuxtaponiéndose con la llegada de la inmensa cantidad de cuentas a pagar, gentileza de las diversas tarjetas de crédito que tanto la hacían feliz. Sus hadas madrinas de plástico, si se les quiere dar un apodo apropiado. Pero eso es generalizar demasiado. En ese preciso instante, todas las bondades otorgadas por aquellas pseudo-amigas venían a cobrar. Y venían en cuotas, con intereses del 10 por ciento.

"¡Oh, la tragedia de pagar! ¿Por qué Dios, en su inmensa misericordia que tanto pregona, me hace pecar tanto en las tiendas departamentales?", dijo la chica mientras el sudor caía por sus largos cabellos color mayonesa (correctamente decolorados por un profesional certificado), mientras sus dedos desaparecían entre los botones de la calculadora. "¿Por qué esta pena? ¿Dónde está mi príncipe azul para salvarme en estos momentos de perdición?", se cuestionó.
Y con tan sólo encender el televisor, tuvo la respuesta: CONTRAYENDO MATRIMONIO CON KATE MIDDELTON. "Bueno, -se confortó- al menos todavía me queda Harry"...




ABANDONEN LA CAVERNA DE LAS SOMBRAS, SALGAN A LA REALIDAD
En vistas de la Boda Real de William y Catherine, muchas ilusas empiezan a abrazar la idea de que, algún improbable día, ellas también sean parte de la monarquía. De preferencia, la inglesa. Bueno pues, lamento informarles que ninguna chica fin de mes podrá jamas llegar ni a ostentar el título de Reina de la Vendimia. Aceptemos la realidad.

Estos cuentos de hadas están predeterminados para los países del primer mundo, no para nosotras, que remendamos los pantalones, preferimos los colores neutros porque sirven para varias temporadas y tarjeteamos hasta una bufanda porque el sueldo está tan partido en diversos pedazos que más que un sueldo parecen cenizas de lo que creímos era una buena paga mensual.

Sin embargo, en términos de realeza, no es necesario extirpar los moluscos de la dieta para sentirse como una Reina (si bien yo lo hago porque soy vegetariana). Lo importante es sentirse bien. Y "sentirse bien" es aún mejor cuando viene de la mano de ahorrar.

Vivir a fin de mes no es una proeza imposible, como luchar contra un dragón, sino más bien como una aventura desagradable... como comerse una manzana envenenada. La pasás mal, sí... pero tampoco para taaaanto.

0 comentarios:

Publicar un comentario