¡Esto es como la guerra!

23 de mayo de 2012

 Por: Sabrina Mooney

 Desde nuestro último encuentro muchas cosas han sucedido: renuncié, encontré un trabajo mediocre, volví a renunciar y de nuevo encontré otro trabajo. De más está decir que en el ínterin de esta agitada aventura, mis ahorros iban en caída libre. Sin embargo, hoy por hoy me encuentro relativamente cómoda, ¡y no vivo más a fin de mes!

Gracias, gracias.

  Sin embargo, para poder llevar a cabo esta inverosímil tarea, es requerido mucho planeamiento y conciencia para evadir futuras recaídas. Como un alcoholico en recuperación (salvando las abismales diferencias y sin ánimos de ofender a nadie), me estoy dando cuenta que las cosas que antes yo consideraba “metodologías de ahorro”, en realidad eran una asquerosa y cochina excusa creada por el inconsciente para poder comprar, gastar y aniquilar de manera sistemática mis antiguos ingresos. No fue tarea fácil, ni tampoco la pasé muy bien, pero hoy por hoy me resulta mucho más simple poder discernir entre lo que se quiere y lo que se necesita, sin tener que renunciar a ninguno de los dos impulsos.

  ¿Qué es lo que hice? Bien pues, esparciré mi recientemente adquirido conocimiento, como quién riega semillas en el suelo, se queda mirando la tierra por meses aburrida y luego llora de la emoción cuando ve crecer una trémula hojita luego de tanto sufrimiento.


CAMBIAR EL “CRE” POR EL “DE”
  Si nos ponemos a investigar el interior de mi billetera, podríamos observar que tiene más plástico adentro que Luciana Salazar en su reiterada reformada anatomía. No hay banda magnética de tarjeta que allí viva, que no tenga al menos 4 o 5 rayones consecuentes del uso.

Imagen ilustrativa: mi billetera es mucho menos "cool" que ésta.
  El crédito es algo malo. La tarjeta de crédito es la versión del siglo 21 de la tortura china. No sabés cuánto límites tenés, nunca te alcanza y cuando te querés dar cuenta estás pasando una semejante vergüenza delante de la cajera del supermercado que te mira lastimosamente mientras sostiene la manteca en proceso de derretimiento. Las mismas promociones banqueras de las que hablamos en Los presupuestos del presupuesto (allá por el 2011) sirven tanto para las cuotas, como para el débito.

  El débito es bueno. Es casi lo mismo que usar efectivo, sólo que al tener descuentos y el reintegro del IVA, te hace sentir como una superheorína que lucha contra el crímen del consumismo. Es mentira, pero bueno, al menos funciona mejor. Recomiendo siempre usarlo para tener mayor control de lo que uno gasta, con la excepción de grandes compras que requieran necesariamente de cuotas, las cuales deberían ser la menor cantidad posible.

  Lean siempre la letra chica. Muchas promociones tienen límites de reintegro y mientras una piensa “Que negoción que hice al comprarme este colchón un miércoles”, al ver el resúmen notamos que sólo nos devolvieron un 5% y no el 25% prometido en la engañosa publicidad.

  Bajo esta premisa, no sólo que no llego en rojo al último día del mes, sino que además poseo dinero que sobra, el cual utilizo insondablemente para adelantar cuotas de tarjeta de crédito (sí, dije disminuyan no que eliminen), impuestos y cachivaches varios. Es así como hace un par de días pude entrar a una perfumería de renombre y no sentirme poca cosa cuando me probé un perfume. Me lo llevé, y lo pude pagar con débito, lo tengo acá y no debo preocuparme por tener que pagarlo en cuotas.


LOS CUPONES CREAN NECESIDAD
  Hasta hace unos años atrás, a nadie que le ocurriría pensar que es necesario una limpieza de cutis cada dos meses. El 80% de la población ha vivido durante 2 mil años sin hacerse una y mirenlos: siguen vivos. La aparición en pandilla de estas páginas web que ofrecen descuentos de proporciones abismales suelen ser engañosas por tres motivos:

Antes de presionar "Enter", verificá si realmente lo vas a usar.
1-NUNCA PONEN EL PRECIO REAL DE LAS COSAS. Es imposible que un facial de chocolate cueste $250 si el paquetito de Águila (y miren como me fui a la marca Premium) no supera los $12. La mano de obra, leasé la señora que te esparce el dulce por la cara con un pincel, tampoco puede hacer a la diferencia tan inverosímil. Entonces lo que uno mira con un ojo poco entrenado como descuento, es simplemente una mentirilla publicitaria que se basa en la comparación para incentivar la compra.

2- NO SON COSAS IRREMEDIABLEMENTE NECESARIAS, son simplemente caprichos de una vida llena de agujeros emocionales. Está bien, entiendo que a veces darse un gusto es importante, no me malinterpreten. Pero esa manía que tienen algunas personas en comprar y comprar simplemente porque ahorran es, simple y llanamente, una boludez. Más ahorro es simplemente no comprarlas. De vez en cuando usar algún cupón de descuento porque nos resulta conveniente es provechoso, pero hay que usarlo como una solución a una necesidad, no al reves. Primero se tiene que necesitar o planear una salida para luego comprarlo, no lo contrario.

3- GASTOS ADICIONALES, INHERENTES A LA COMPRA. Es decir, que lindo suena una cena en un restaurante francés por sólo $90, pero a eso hay que sumarle que a veces no es para dos, a veces se tiene que pagar el costo de los cubiertos, de las bebidas, del transporte y de los cachivaches que se le agregan porque “es de roñosos caer sólo con el descuento y tomarse hasta el agua de le vases de marguerites”. Son cosas que al final de la cuenta suman, y suman y suman aún más. ¡Sacrebleu!

  A lo que me refiero con esto es que es importante diferenciar entre el consumo habitual de descuentos online y las compras compulsivas, porque van de la mano de las tarjetas de crédito que, obligatoriamente, forman parte de la compra. Encima en una cuota que llega al mes siguiente junto con sus amiguitas que suman totales parciales de números que nunca –nunca- deberían estar juntos, como los 3 y los muchos ceros por detrás. Sin comas ni puntos que lo separen. Me da escalofríos de sólo pensarlo.


QUERER NO ES SINÓNIMO DE NECESITAR
"¡Fuera de mi camino, malditas perras viciosas! Ese saco es mío"
  Para no recaer en un estado permanente de “vivir a fin de mes”, es importante (tal y como destaqué al principio) de planear metodológicamente a futuro. Como en un juego de ajedrez, siempre hay que estar dos movimientos más adelantados. O más fidedigno aún: ES COMO LA GUERRA. Hay que saber distinguir entre lo que uno quiere como un capricho, a lo que uno necesita para poder subsistir. Y casi nunca estos puntos se unen en un final feliz, al mejor estilo de las películas de Disney de antaño. Reitero: nunca está mal darse un gusto, pero que vivamos comprando cuanta cosa queramos no es financieramente correcto para nuestro ajustado sueldo. Es un asesinato en masa. Nuestra masa salarial.

  Personalmente, me encanta comprarme de todo, no me privo de nada, pero trato de darle un sentido más profundo a cada cosa que adquiero. Preveo el gasto, la metodología de pago, la razón entre su precio y su utilidad y, más aún, si realmente vale la pena o si me va a servir de acá a mucho tiempo. Esto va desde la ropa hasta la tecnología. Es casi una ciencia cuántica, podría decirse. Una de las pocas ciencias que he aprendido a perfeccionar bajo la premisa del empirismo.

  La sabiduría consumista ha llegado a mí. Tengo una abultada suma de dinero en mi cuenta bancaria y puedo, libremente, utilizarlo como más me plazca, pero no descarto que todo en esta frágil economía (y en este ilusorio mundo) es temporal. Todo puede cambiar de un momento al otro. Como el alcoholico que de vez en cuando se toma un vino en cajita, puede que dentro de dos meses yo también recaiga. Pero de los errores se aprende y le rezo al Dios del dólar que me permita salir de los tenebrosos días previos al depósito de haberes tranquila y en paz.


"Mas no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal, Amén."


 Besos, abrazos y descuentos para todos!