Por: Sabrina Mooney
Desde nuestro último encuentro muchas cosas han sucedido:
renuncié, encontré un trabajo mediocre, volví a renunciar y de nuevo encontré
otro trabajo. De más está decir que en el ínterin de esta agitada aventura, mis
ahorros iban en caída libre. Sin embargo, hoy por hoy me encuentro
relativamente cómoda, ¡y no vivo más a fin de mes!
Gracias, gracias.
Sin embargo, para poder llevar a cabo esta inverosímil
tarea, es requerido mucho planeamiento y conciencia para evadir futuras recaídas.
Como un alcoholico en recuperación (salvando las abismales diferencias y sin ánimos de ofender a nadie), me estoy dando cuenta que las cosas que
antes yo consideraba “metodologías de ahorro”, en realidad eran una asquerosa y cochina excusa
creada por el inconsciente para poder comprar, gastar y aniquilar de manera
sistemática mis antiguos ingresos. No fue tarea fácil, ni tampoco la pasé muy
bien, pero hoy por hoy me resulta mucho más simple poder discernir entre lo que
se quiere y lo que se necesita, sin tener que renunciar a ninguno de los dos
impulsos.
¿Qué es lo que hice? Bien pues, esparciré mi recientemente
adquirido conocimiento, como quién riega semillas en el suelo, se queda mirando
la tierra por meses aburrida y luego llora de la emoción cuando ve crecer una
trémula hojita luego de tanto sufrimiento.
CAMBIAR EL “CRE” POR EL “DE”
Si nos ponemos a investigar el interior de mi billetera,
podríamos observar que tiene más plástico adentro que Luciana Salazar en su
reiterada reformada anatomía. No hay banda magnética de tarjeta que allí viva,
que no tenga al menos 4 o 5 rayones consecuentes del uso.
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| Imagen ilustrativa: mi billetera es mucho menos "cool" que ésta. |
El crédito es algo malo. La tarjeta de crédito es la versión
del siglo 21 de la tortura china. No sabés cuánto límites tenés, nunca te alcanza y
cuando te querés dar cuenta estás pasando una semejante vergüenza delante de la
cajera del supermercado que te mira lastimosamente mientras sostiene la manteca
en proceso de derretimiento. Las mismas promociones banqueras de las que
hablamos en Los presupuestos del presupuesto (allá por el 2011) sirven tanto
para las cuotas, como para el débito.
El débito es bueno. Es casi lo mismo que usar efectivo, sólo
que al tener descuentos y el reintegro del IVA, te hace sentir como una
superheorína que lucha contra el crímen del consumismo. Es mentira, pero bueno,
al menos funciona mejor. Recomiendo siempre usarlo para tener mayor control de
lo que uno gasta, con la excepción de grandes compras que requieran
necesariamente de cuotas, las cuales deberían ser la menor cantidad posible.
Lean siempre la letra chica. Muchas promociones tienen límites
de reintegro y mientras una piensa “Que negoción que hice al comprarme este
colchón un miércoles”, al ver el resúmen notamos que sólo nos devolvieron un 5%
y no el 25% prometido en la engañosa publicidad.
Bajo esta premisa, no sólo que no llego en rojo al último día
del mes, sino que además poseo dinero que sobra, el cual utilizo insondablemente
para adelantar cuotas de tarjeta de crédito (sí, dije disminuyan no que
eliminen), impuestos y cachivaches varios. Es así como hace un par de días pude
entrar a una perfumería de renombre y no sentirme poca cosa cuando me probé un
perfume. Me lo llevé, y lo pude pagar con débito, lo tengo acá y no debo
preocuparme por tener que pagarlo en cuotas.
LOS CUPONES CREAN NECESIDAD
Hasta hace unos años atrás, a nadie que le ocurriría pensar
que es necesario una limpieza de cutis cada dos meses. El 80% de la población
ha vivido durante 2 mil años sin hacerse una y mirenlos: siguen vivos. La
aparición en pandilla de estas páginas web que ofrecen descuentos de
proporciones abismales suelen ser engañosas por tres motivos:
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| Antes de presionar "Enter", verificá si realmente lo vas a usar. |
1-NUNCA PONEN EL PRECIO REAL DE LAS COSAS. Es imposible que
un facial de chocolate cueste $250 si el paquetito de Águila (y miren como me
fui a la marca Premium) no supera los $12. La mano de obra, leasé la señora que
te esparce el dulce por la cara con un pincel, tampoco puede hacer a la
diferencia tan inverosímil. Entonces lo que uno mira con un ojo poco entrenado
como descuento, es simplemente una mentirilla publicitaria que se basa en la
comparación para incentivar la compra.
2- NO SON COSAS IRREMEDIABLEMENTE NECESARIAS, son
simplemente caprichos de una vida llena de agujeros emocionales. Está bien,
entiendo que a veces darse un gusto es importante, no me malinterpreten. Pero
esa manía que tienen algunas personas en comprar y comprar simplemente porque
ahorran es, simple y llanamente, una boludez. Más ahorro es simplemente no
comprarlas. De vez en cuando usar algún cupón de descuento porque nos resulta
conveniente es provechoso, pero hay que usarlo como una solución a una
necesidad, no al reves. Primero se tiene que necesitar o planear una salida
para luego comprarlo, no lo contrario.
3- GASTOS ADICIONALES, INHERENTES A LA COMPRA. Es decir, que lindo suena
una cena en un restaurante francés por sólo $90, pero a eso hay que sumarle que
a veces no es para dos, a veces se tiene que pagar el costo de los cubiertos,
de las bebidas, del transporte y de los cachivaches que se le agregan porque “es
de roñosos caer sólo con el descuento y tomarse hasta el agua de le vases de
marguerites”. Son cosas que al final de la cuenta suman, y suman y suman aún más.
¡Sacrebleu!
A lo que me refiero con esto es que es importante
diferenciar entre el consumo habitual de descuentos online y las compras
compulsivas, porque van de la mano de las tarjetas de crédito que,
obligatoriamente, forman parte de la compra. Encima en una cuota que llega al
mes siguiente junto con sus amiguitas que suman totales parciales de números
que nunca –nunca- deberían estar juntos, como los 3 y los muchos ceros por detrás.
Sin comas ni puntos que lo separen. Me da escalofríos de sólo pensarlo.
QUERER NO ES SINÓNIMO DE NECESITAR
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| "¡Fuera de mi camino, malditas perras viciosas! Ese saco es mío" |
Para no recaer en un estado permanente de “vivir a fin de
mes”, es importante (tal y como destaqué al principio) de planear metodológicamente
a futuro. Como en un juego de ajedrez, siempre hay que estar dos movimientos más
adelantados. O más fidedigno aún: ES COMO LA GUERRA. Hay que saber distinguir
entre lo que uno quiere como un capricho, a lo que uno necesita para poder
subsistir. Y casi nunca estos puntos se unen en un final feliz, al mejor estilo
de las películas de Disney de antaño. Reitero: nunca está mal darse un gusto,
pero que vivamos comprando cuanta cosa queramos no es financieramente correcto
para nuestro ajustado sueldo. Es un asesinato en masa. Nuestra masa salarial.
Personalmente, me encanta comprarme de todo, no me privo de
nada, pero trato de darle un sentido más profundo a cada cosa que adquiero. Preveo
el gasto, la metodología de pago, la razón entre su precio y su utilidad y, más
aún, si realmente vale la pena o si me va a servir de acá a mucho tiempo. Esto
va desde la ropa hasta la tecnología. Es casi una ciencia cuántica, podría
decirse. Una de las pocas ciencias que he aprendido a perfeccionar bajo la
premisa del empirismo.
La sabiduría consumista ha llegado a mí. Tengo una abultada
suma de dinero en mi cuenta bancaria y puedo, libremente, utilizarlo como más
me plazca, pero no descarto que todo en esta frágil economía (y en este
ilusorio mundo) es temporal. Todo puede cambiar de un momento al otro. Como el
alcoholico que de vez en cuando se toma un vino en cajita, puede que dentro de
dos meses yo también recaiga. Pero de los errores se aprende y le rezo al Dios
del dólar que me permita salir de los tenebrosos días previos al depósito de
haberes tranquila y en paz.
"Mas no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal, Amén."
Besos, abrazos y descuentos para todos!




